Este poema vio la luz de la peor forma que pudo. Dado que ya no lo puedo devolver a un cajón seguro, lo publico con la dignidad que merece y en su versión original. He aquí para una chica encantadora.
Es que esa niña es un amor:
su voz, sus ideas, sus ojos.
El simple hecho de estrechar su mano
me hace perder la gravedad.
su voz, sus ideas, sus ojos.
El simple hecho de estrechar su mano
me hace perder la gravedad.
Y cuando pasa,
el tiempo se hace espuma.
Hago como si no la viese,
aunque estoy seguro que sabe
que no le quito los ojos de encima.
Y cuando me mira,
no sé si estoy vivo o estoy muerto,
o mas bien, si quiero estarlo,
porque bien podría vivir en una mirada
o morir derretido en sus labios.
Y cuando se acerca,
comienzo a derivar,
delirar -quiero decir-
y derivar también,
porque qué cosa más linda
hay
que estar tangente a sus curvas.
Y cuando me besa,
bueno, pues eso no lo sé,
pero estoy seguro,
que si ya de sólo mirarla
quiero brincar de alegría,
de un beso...
Es que esa niña es un amor
y amarla yo quiero.
Y si se deja,
hacerla feliz,
porque ella feliz
ya me hace,
con sólo pasar por aquí.
Y si me habla, ¡qué mejor!
Y si se fija en mí, ¡qué decir!
Y si me mira...
Y si me mira,
me pongo muy mal,
y no sé si verla a los ojos
o salir corriendo.
Yo la verdad prefiero sus ojos,
ese par de suspiros.
Y si me acerco...
Y si se acerca,
el viento huele a una mezcla
entre mi sangre agitada
y el calor de sus encantos.
Quiero decir algo interesante,
pero la lengua no la encuentro
ni las palabras
y la boca se me ha quedado pegada
pensando en sus labios.
Y si me besa...
Y si me besa,
bueno, ha de ser lo más
delirante
como hemos de estar en ese momento.
Y me dan unas ganas de fundirme con ella
y enfriarnos en una sola pieza de bronce,
para verla todos los días
y descubrir todo lo que envuelve.
Pues es la mezcla perfecta
entre corazón y mente,
y lo que ella piensa,
y lo que mi alma siente,
y lo que pienso,
y no sé lo que ella siente:
es algo creciente,
el preciso cociente,
y descubro
que esa niña es un amor.
Es que esa niña es un amor
y amarla yo quiero.
Y cuando me mira,
no sé si estoy vivo o estoy muerto,
o mas bien, si quiero estarlo,
porque bien podría vivir en una mirada
o morir derretido en sus labios.
Y cuando se acerca,
comienzo a derivar,
delirar -quiero decir-
y derivar también,
porque qué cosa más linda
hay
que estar tangente a sus curvas.
Y cuando me besa,
bueno, pues eso no lo sé,
pero estoy seguro,
que si ya de sólo mirarla
quiero brincar de alegría,
de un beso...
Es que esa niña es un amor
y amarla yo quiero.
Y si se deja,
hacerla feliz,
porque ella feliz
ya me hace,
con sólo pasar por aquí.
Y si me habla, ¡qué mejor!
Y si se fija en mí, ¡qué decir!
Y si me mira...
Y si me mira,
me pongo muy mal,
y no sé si verla a los ojos
o salir corriendo.
Yo la verdad prefiero sus ojos,
ese par de suspiros.
Y si me acerco...
Y si se acerca,
el viento huele a una mezcla
entre mi sangre agitada
y el calor de sus encantos.
Quiero decir algo interesante,
pero la lengua no la encuentro
ni las palabras
y la boca se me ha quedado pegada
pensando en sus labios.
Y si me besa...
Y si me besa,
bueno, ha de ser lo más
delirante
como hemos de estar en ese momento.
Y me dan unas ganas de fundirme con ella
y enfriarnos en una sola pieza de bronce,
para verla todos los días
y descubrir todo lo que envuelve.
Pues es la mezcla perfecta
entre corazón y mente,
y lo que ella piensa,
y lo que mi alma siente,
y lo que pienso,
y no sé lo que ella siente:
es algo creciente,
el preciso cociente,
y descubro
que esa niña es un amor.
Es que esa niña es un amor
y amarla yo quiero.
Y seguir escribiendo poemas
sin que se espante.
Y contarle lo hermosa que es,
y cómo me hace pensar
en cosas que antes de conocerla
no me pasaban por la cabeza.
Y decirle que estaré en su camino
tanto como me lo permita,
que el amor no se ha ido de vacaciones
y que quien le haya hecho
dejar de creer,
o lastimado,
o qué se yo,
debe ser un tonto;
sin contar que me lo ha hecho
todo más difícil.
que el amor no se ha ido de vacaciones
y que quien le haya hecho
dejar de creer,
o lastimado,
o qué se yo,
debe ser un tonto;
sin contar que me lo ha hecho
todo más difícil.
Y hacerle saber que no soy
un príncipe azul,
mucho menos un cantante famoso,
pero siempre soy yo
y lo único que espero de ella
es que siga siendo como es
porque así como es
esa niña es un amor.
Y mirarla.
y que me mire.
Y escucharla
y que me escuche.
Y sentirla
y que me sienta.
Y conocerla
y que me conozca.
Y contarle
y que me cuente.
Y creer en ella
y que crea en mí.
Y creer en ella
y que crea en mí.
Y abrazarla
y que me abrace.
Y cuidarla
y que me cuide.
Y si me besa...
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